Hepatitis

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Sobre la hepatitis

La palabra "hepatitis" significa, simplemente, inflamación del hígado, sin apuntar a ninguna causa específica. Una persona con hepatitis puede:

La hepatitis está provocada mayoritariamente por uno de los siguientes tres virus:

  1. el virus de la hepatitis A
  2. el virus de la hepatitis B
  3. el virus de la hepatitis C

En algunos casos, el virus Epstein Barr (que provoca una enfermedad denominada mononucleosis) también puede dar lugar a una hepatitis si genera una inflamación hepática. Hay otros virus y bacterias que también pueden provocar una hepatitis, como los virus de las hepatitis D y E, el virus de la varicela y el citomegalovirus (CMV).

Hepatitis A

La hepatitis A (también denominada hepatitis infecciosa) es una forma habitual de hepatitis en la población infantil. Se desarrolla tras contraer una infección por el virus de la hepatitis A (VHA), presente en las heces de las personas infectadas. Las heces infectadas se pueden encontrar en pequeñas cantidades en alimentos y objetos (como el pomo de una puerta y los pañales de un bebé). El virus de la hepatitis A puede permanecer en las heces durante varios meses tras la enfermedad inicial, sobre todo en lactantes de poco tiempo y en niños.

El virus de la hepatitis A:

Puesto que la hepatitis A puede ser una infección de carácter leve, particularmente en la población infantil, es posible que algunas personas no se den cuenta de haberla contraído. Aunque el virus de la hepatitis A puede provocar una enfermedad larga, de hasta seis meses de duración, generalmente solo provoca cuadro leves y de breve duración. No puede causar enfermedades hepáticas crónicas. En los casos más leves, sus síntomas se pueden parecer a los que provocan los virus intestinales (como vómitos y diarrea).

La hepatitis B

La hepatitis B (también denominada hepatitis sérica) se desarrolla ante una infección por el virus de la hepatitis B (VHB). El VHB puede provocar un amplio abanico de síntomas, desde el malestar general propio de las enfermedades leves hasta los síntomas propios de una enfermedad hepática crónica de gravedad que, a la larga, puede desembocar en un cáncer de hígado.

El virus de la hepatitis B se propaga:

La hepatitis C

El virus de la hepatitis C (VHC) se transmite a través del contacto directo con la sangre de una persona infectada. Los síntomas provocados por este virus pueden ser muy parecidos a los de las hepatitis A y B. No obstante, una infección por el virus de la hepatitis C puede conducir, a la larga, a una enfermedad hepática crónica y es el principal motivo de trasplante de hígado en EE.UU. Las infecciones crónicas por el VHC también se asocian a cáncer de hígado.

El VHC es más frecuente en la población adulta que en la infantil. Los niños la suelen adquirir a través del contagio materno en la etapa neonatal. También se puede contagiar:

En pocas ocasiones, las personas que conviven con una persona infectada por el VHC pueden contraer esta infección al compartir artículos que contienen sangre de la persona infectada, como maquinillas de afeitar, cepillos de dientes o tijeras para cortarse las uñas.

Diagnóstico

Todas estas formas de hepatitis vírica se pueden diagnosticar mediante análisis de sangre.

Se pueden utilizar pruebas de la función hepática para saber lo bien que funciona el hígado o si está dañado. A veces, ha de hacerse una biopsia de hígado (extirpación de una pequeña muestra de tejido hepático para examinarla) a fin de profundizar en el tipo de lesión hepática existente. Las biopsias hepáticas ayudan a los médicos a elegir el mejor tratamiento posible.

También se pueden practicar ecografías y tomografías axiales computadas (TAC) para evaluar cualquier signo de evolución hacia un cáncer hepático, sobre todo en las infecciones crónicas por los virus de las hepatitis B y C.

Signos y síntomas

La hepatitis, en sus etapas iniciales, puede cursar con síntomas gripales, como los siguientes:

Pero hay algunas personas con hepatitis que no presentan ningún síntoma y que pueden no saber que están infectadas. Por ejemplo, los niños con hepatitis A suelen presentar síntomas leves o ningún síntoma en absoluto.

Si la hepatitis evoluciona, sus síntomas empiezan a apuntar hacia el hígado como origen de la enfermedad. Y las sustancias químicas que segrega el hígado en condicione normales se empiezan a acumular en la sangre, lo que provoca:

También puede haber dolor abdominal, que se puede ubicar debajo de las costillas del lado derecho (sobre un hígado inflamado y dolorido) o debajo de las costillas del lado izquierdo (sobre un bazo dolorido).

Contagio

Las hepatitis A, B y C son todas contagiosas.

El virus de la hepatitis A se propaga a través del agua o de alimentos contaminados, así como en escuelas o centros de preescolar con deficientes condiciones higiénicas. Los retretes y los lavabos utilizados por una persona infectada se deben limpiar con desinfectantes. Quienes conviven con o cuidan de una persona que padece una hepatitis A deben lavarse las manos después de cada contacto que mantengan con ella. Asimismo, antes de iniciar un viaje a un país con alta incidencia de la hepatitis A, los niños deben recibir por lo menos dos dosis de la vacuna contra esta enfermedad.

El virus de la hepatitis B se puede encontrar en prácticamente todos los fluidos corporales, aunque sus principales vías de contagio son las relaciones sexuales, las transfusiones de sangre contaminada y el hecho de compartir agujas para inyectarse droga. El contacto en el medio doméstico con adultos que padecen la hepatitis B puede suponer un riesgo de contagio para los niños, riesgo que se puede reducir lavándose a menudo las manos y adoptando unas buenas prácticas higiénicas.

En EE.UU. y en la UE se vacuna sistemáticamente a todos los niños contra la hepatitis B nada más nacen y la administración de esta vacuna permite reducir en gran medida el riesgo de infección. Pregunte a su pediatra sobre esta vacuna. Incluso los adultos se puede vacunar en el caso de que estén en situación de riesgo.

El virus de la hepatitis C se puede transmitir a través de agujas compartidas al inyectarse droga y a través de productos derivados de sangre contaminada y, aunque con menor frecuencia, a través de las relaciones sexuales. Aunque la hepatitis C se puede transmitir al feto durante el embarazo, este riesgo solo es de en torno al 5%. Si usted está embarazada, póngase en contacto con su médico si cree que puede haberse expuesto al virus de la hepatitis C.

Durante los últimos años, las mejoras en la tecnología médica han eliminado casi por completo el riesgo de contagio de la hepatitis a partir de transfusiones sanguíneas y de hemoderivados contaminados. Pero, con el auge de los tatuajes y de la acupuntura, ha aumentado el riesgo de contagio de la hepatitis a través del instrumental inadecuadamente esterilizado que se puede emplear en estos procedimientos. Las agujas compartidas al inyectarse droga o los aspiradores compartidos al inhalarla son dos formas de contagio de la hepatitis C muy habituales.

Duración

El período de incubación (el tiempo que tarda una persona en infectarse tras exponerse al virus) de las hepatitis víricas varía en función de cuál sea el virus concreto que provoca la enfermedad:

La hepatitis A suele estar activa durante un período de tiempo breve y, en cuanto la persona se recupera, deja de poder contagiar la enfermedad. Es muy improbable que una persona se convierta en portadora crónica del virus de la hepatitis A. Casi todas las personas que desarrollan una hepatitis A que previamente estaban sanas se recuperan por completo en pocas semanas o meses sin presentar complicaciones de larga duración.

En el caso de la hepatitis B, entre el 85% y el 90% de los pacientes se recupera por completo en un plazo máximo de seis meses, sin presentar complicaciones de larga duración.

Sin embargo, entre el 75% y el 85% de las personas que contraen una hepatitis C no se recuperan por completo y tienen más probabilidades de seguir presentando una infección de larga duración. Tanto los pacientes que no se recuperan por completo de una hepatitis B como los que siguen infectados por el virus de la hepatitis C pueden acabar desarrollando una hepatitis crónica y una cirrosis hepática (la degeneración crónica de la estructura del hígado). Algunas personas con hepatitis B o C también pueden convertirse en portadoras de por vida de estos virus y seguir contagiándolos a otras personas.

Prevención

Por lo general, para evitar que su hijo contraiga una hepatitis de origen vírico usted debería:

Puesto que las agujas y las jeringuillas contaminadas son una importante vía de contagio de la hepatitis, es una buena idea apoyar las campañas contra la drogadicción que tengan lugar en su comunidad y en los centros escolares de su área. En casa, hable asidua y sinceramente con sus hijos sobre los riegos asociados al consumo de drogas. También es importante fomentar la abstinencia sexual y el sexo seguro entre los adolescentes para que no puedan contraer una hepatitis a través de las relaciones sexuales.

Existe una vacuna contra la hepatitis A que se puede administrar a cualquier persona que tenga a partir de 12 meses de edad. Antes solo se recomendaba a las personas de alto riesgo, como las que vivían o viajaban a zonas con elevada incidencia de esta enfermedad, pero ahora está disponible para cualquier persona que quiera ser inmune al virus de la hepatitis A. Si tiene pensado viajar al extranjero, consulte a su médico y al pediatra de sus hijos con suficiente antelación para que, tanto usted como el resto de su familia, dispongan de suficiente tiempo para completar las vacunaciones necesarias. La vacuna contra la hepatitis A también es útil para el personal de centros de educación infantil, como escuelas o guarderías, donde el riesgo de exposición a la enfermedad es mayor.

La vacuna contra la hepatitis B debe administrarse tanto a niños como a adultos como parte del programa de vacunación sistemática.

Lamentablemente, no existe ninguna vacuna contra la hepatitis C; los estudios indican que es posible que no se pueda desarrollar porque el virus de la hepatitis C no provoca el tipo de respuesta necesario para que una vacuna pueda ser eficaz.

Tratamiento

Cuando los síntomas son graves o las pruebas de laboratorio indican que se han producido daños hepáticos, puede ser necesario tratar la hepatitis en el marco hospitalario. He aquí una visión general de los tratamientos disponibles para los distintos tipos de hepatitis:

Existen otras tratamientos y medicamentos que están autorizados para uso en adultos, que a veces se utilizan con niños en el marco de estudios de investigación o cuando los niños se acercan a la etapa adulta. No todos los pacientes se pueden beneficiar de esto tratamientos que, además, se asocian a efectos secundarios. Lo mejor es que comente estas opciones con el pediatra de su hijo.

Los niños con hepatitis leves se pueden tratar en casa. Deberán permanecer en la cama, excepto para ir al lavabo, hasta que hayan remitido tanto la fiebre como la ictericia y recuperen el apetito. Los niños con falta de apetito deben hacer comidas poco copiosas y frecuentes y beber líquidos con alto contenido calórico (como los batidos de leche). Asimismo, deben ingerir alimentos saludables, ricos en proteínas e hidratos de carbono, y beber agua en abundancia.

Cuándo llamar al pediatra

Llame al pediatra si su hijo:

Si tiene un hijo mayor que ejerce de voluntario en un centro de primeros auxilios, un hospital, una clínica o un asilo de ancianos, asegúrese de que conoce y adopta las debidas prácticas de seguridad para evitar el contacto con la sangre u otros fluidos corporales de otras personas. Asimismo, es posible que usted prefiera que su hijo se vacune contra las hepatitis A y B. Llame al pediatra de su hijo si cree que podría haberse expuesto a un paciente con hepatitis.

Si ya sabe que su hijo tiene hepatitis, llame al pediatra si observa cualquiera de los siguientes síntomas, que pueden ser signos de patología hepática:

Asimismo, esté pendiente del apetito y las funciones digestivas de su hijo y llame a su pediatra en el caso de que pierda el apetito por completo o de que aumenten sus náuseas, vómitos, diarrea o ictericia. Asegúrese de hablar con el pediatra de su hijo antes de administrarle ningún medicamento de venta sin receta médica o remedio a base de plantas medicinales porque ambos podrían empeorarle la afección.

Revisado por: Yumani Durani, MD
Fecha de revisión: julio de 2012





Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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