Toxoplasmosis

Toxoplasmosis

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Es posible que conozca la infección de la toxoplasmosis porque sabe que se debe evitar contraerla durante el embarazo adoptando medidas de precaución relacionadas con ciertos alimentos y con los excrementos de gato. Según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés), unos 60 millones de estadounidenses podrían tener una infección por toxoplasmosis. Muchos ni siquiera lo saben porque puede ser asintomática o bien cursar con síntomas que también aparecen en otras enfermedades.

Se trata de una infección provocada por un parásito microscópico que puede vivir dentro de las células de animales y humanos, especialmente en gatos y animales de granja.

Cómo se propaga

La gente puede contraer una toxoplasmosis:

A pesar de que esta infección normalmente no se contagia de una persona a otra, excluyendo los casos de trasmisión materno-fetal, en contadas ocasiones la toxoplasmosis puede contaminar las trasfusiones de sangre y los órganos donados para trasplantes.

Signos y síntomas

La toxoplasmosis se trasmite de los animales a los seres humanos, a veces sin ocasionar síntoma alguno. Cuando los niños presentan síntomas, estos varían en función de la edad del niño y de la respuesta de su sistema inmunitario a la infección. (Al igual que los seres humanos, los gatos infectados no suelen presentar ningún signo de la infección por toxoplasmosis).

Las infecciones por toxoplasmosis en humanos pueden caer en una de las tres siguientes categorías:

  1. toxoplasmosis congénita, en la cual el niño se infecta antes de nacer
  2. toxoplasmosis en niños sanos (asociada a los mismos síntomas que puede presentar una mujer embarazada)
  3. toxoplasmosis en niños con un sistema inmunitario debilitado

Toxoplasmosis congénita

Cuando una mujer contrae la toxoplasmosis (incluso aunque no presente síntomas) durante el embarazo y no recibe tratamiento alguno, existe la posibilidad de que trasmita la infección al feto en proceso de desarrollo. Los bebés que se infectan durante el primer trimestre de la gestación son los que tienden a presentar síntomas de mayor gravedad.

De todos modos, es sumamente improbable que una mujer que ya había contraído la toxoplasmosis antes de quedarse embarazada trasmita la infección a su bebé porque tanto ella como el feto se habrán hecho inmunes a la infección. De todos modos, es algo que puede ocurrir en el caso de que una mujer que ya ha había pasado la toxoplasmosis sufra una inmunodepresión y se le reactive la infección. Por lo general, es mucho mejor esperar a buscar un embarazo hasta que hayan pasado un mínimo de seis meses tras una infección por toxoplasmosis.

Hasta el 90% de los niños que nacen con toxoplasmosis congénita no presentan síntomas durante la lactancia inicial, pero hay un importante porcentaje de estos niños que presenta signos de infección varios meses o varios años después. La escasa cantidad de bebés que presentan signos evidentes de la infección al nacer o poco tiempo después pueden ser prematuros y/o ser extremadamente pequeños al nacer.

Entre otros signos y síntomas, en el caso de que haya alguno, se incluyen los siguientes:

Algunos bebés con toxoplasmosis congénita poseen anomalías en el cerebro y el sistema nervioso que pueden causar:

Estos niños también corren el riesgo de desarrollar lesiones oculares que afectan la retina (la capa fotosensible del fondo del ojo responsable de la vista) y que provocan graves problemas de visión.

Si un niño nace con toxoplasmosis congénita y no recibe tratamiento durante la etapa de la lactancia, casi siempre presenta algún signo de infección (a menudo lesiones oculares) al principio de la infancia o de la adolescencia.

La toxoplasmosis en niños sanos

Un niño sano que contrae una infección por toxoplasmosis puede no presentar ningún síntoma de la infección, aparte de la inflamación de unos pocos ganglios linfáticos. Este síntoma se caracteriza por lo siguiente:

La mayoría de los niños no experimentan problemas duraderos, a pesar de que no sean diagnosticados ni reciban tratamiento alguno.

La toxoplasmosis en niños con sistemas inmunitarios debilitados

Aquellos niños cuyo sistema inmunitario está debilitado (por ejemplo, por padecer SIDA, cáncer o haber recibido la medicación que se administra tras un trasplante de órganos) se exponen en mayor medida a sufrir infecciones por toxoplasmosis de carácter grave. Sobre todo en los niños con SIDA, la toxoplasmosis puede atacar el cerebro y el sistema nervioso, ocasionando encefalitis toxoplásmica (una inflamación del cerebro), entre cuyos síntomas figuran los siguientes:

Duración

A pesar de que los parásitos de la toxoplasmosis pueden crecer y multiplicarse en un plazo de una semana tras introducirse en el cuerpo de la persona infectada, los síntomas de la infección pueden tardar semanas o meses en aparecer (en caso de que aparezcan).

Una vez una persona contrae una infección por toxoplasmosis, la infección permanece en su cuerpo de por vida, generalmente de forma latente (o inactiva) y sin provocar lesiones ni efectos colaterales. De todos modos, la infección se puede reactivar si el sistema inmunitario sufre una inmunodepresión a raíz de una infección por el VIH o de un tratamiento contra el cáncer.

En un niño cuyo sistema inmunitario está sano, los síntomas leves de la toxoplasmosis (como ganglios linfáticos inflamados) suelen remitir en el curso de pocos meses, incluso aunque el niño no reciba tratamiento médico alguno. Sin embargo, los niños con toxoplasmosis congénita grave pueden presentar problemas permanentes en el sistema visual y/o deficiencia mental. Y en aquellos niños cuyo sistema inmunitario está debilitado, la toxoplasmosis puede llegar a ser mortal.

Diagnóstico

Los médicos pueden, aunque lo hagan en contadas ocasiones, diagnosticar la toxoplasmosis mediante pruebas de laboratorio que permiten detectar la presencia de parásitos microscópicos en la sangre, el líquido amniótico, la placenta, los ganglios linfáticos, la médula ósea u otros tejidos corporales.

De todos modos, lo más frecuente es que los médicos soliciten análisis de sangre para determinar la cantidad de anticuerpos (sustancias que forman parte del sistema inmunitario) fabricados para luchar contra los parásitos de la toxoplasmosis.

Existen nuevas pruebas genéticas complejas permiten identificar los genes de los parásitos de la toxoplasmosis después de entrar en el organismo de la persona infectada. Estas pruebas son especialmente útiles para evaluar el líquido amniótico a fin de detectar toxoplasmosis congénitas en el feto. Los obstetras pueden utilizar ecografía como ayuda en el diagnóstico de la toxoplasmosis congénita. De todos modos, estas pruebas no son precisas al 100%, pudiendo generar resultados falsos-positivos.

Tratamiento

A menos que la persona afectada tenga el sistema inmunitario debilitado o esté embarazada, no suele ser necesario tratarla por padecer una infección por toxoplasmosis; los síntomas (como la inflamación de los ganglios linfáticos) suelen remitir sin tratamiento alguno al cabo de pocas semanas o meses. De todos modos, un niño siempre debe acudir al pediatra, ya que unos ganglios linfáticos inflamados pueden ser un signo de otras enfermedades.

Si una mujer embarazada contrae una infección por toxoplasma, su médico, junto con un especialista en enfermedades infecciosas, deberá desarrollar un programa de tratamiento. Las investigaciones han permitido constatar que el hecho de tratar a la madre puede ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad en el lactante, aunque no siempre permite impedir la trasmisión de la infección de la madre al feto.

Los niños que nacen con toxoplasmosis congénita pueden ser tratados con distintas combinaciones de medicamentos contra la toxoplasmosis, habitualmente a lo largo del primer año de vida. El especialista determinará tanto los medicamentos a utilizar como la duración del tratamiento.

En los niños mayores y previamente sanos que desarrollan infecciones por toxoplasma, el tratamiento suele durar de 4 a 6 semanas (o un mínimo de 2 semanas tras la remisión de los síntomas). Los niños con sistemas inmunitarios debilitados suelen requerir hospitalización cuando desarrollan toxoplasmosis y aquellos que padecen SIDA pueden tener que tomar medicación contra la toxoplasmosis por vida.

Cuándo llamar al pediatra

Llame al pediatra de su hijo inmediatamente si este desarrolla síntomas propios de la toxoplasmosis y:

Si su hijo es sano y desarrolla cualquiera de los síntomas de la toxoplasmosis, comuníquese con su médico.

Si está embarazada, llame a su médico de inmediato si comprueba que presenta incluso un único ganglio linfático inflamado, sobre todo si ha estado en contacto con gatos o ha ingerido carne cruda o poco hecha.

Prevención

Si el gato de su familia vive en interiores y nunca le han dado de comer carne cruda o poco hecha, lo más probable es que tenga un riesgo muy reducido de contraer y de contagiar la toxoplasmosis. De todos modos, recuerde que le toxoplasmosis se puede contraer al comer carne cruda o productos contaminados no cocinados.

A continuación hay serie de consejos para ayudar a prevenir que su familia contraigan toxoplasmosis.

Consejos relacionados con la alimentación

Consejos relacionados con los gatos

Consejos generales y relacionados con el entorno doméstico

Revisado por: Joel Klein, MD
Fecha de revisión: septiembre de 2011





Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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