Diabetes: La historia de Erika

Diabetes: La historia de Erika

(Diabetes: Erika's Story)

"Tienes diabetes juvenil." Esta frase no es algo que se escucha todos los días, ¿no es cierto?, sin embargo, esas fueron las palabras que cambiaron mi vida para siempre. El 31 de Agosto del 2000, yo estaba acostada en la cama de un hospital mientras que los médicos me explicaban por qué mi páncreas había dejado de funcionar y por qué no estaba produciendo insulina. Me quedé como atontada. ¿Diabetes? ¿Cómo es posible? ¿Por qué me ocurría esto a mí?

Quizás debería explicarles mi historia.

De una silla en la playa a la cama de un hospital

Durante del verano del 2000, yo estaba en Puerto Rico asistiendo a una reunión familiar. Estábamos descansando en la playa cuando de repente sentí que tenía que ir al baño. Cinco minutos más tarde, sentí necesidad de ir al baño otra vez. Pensé que era debido al agua que estaba bebiendo, así que comencé a beber menos. Aun así, mis viajes frecuentes al cuarto de baño continuaron. Cuando tuve dos "accidentes," me di cuenta de que estaba ocurriendo algo que no era normal. Quiero decir, a los 12 años, estos accidentes no ocurren. Llamamos a la oficina del médico y nos dijeron que probablemente sería una infección del tracto urinario. Me recetaron antibióticos. Desgraciadamente, los medicamentos no surtieron efecto. Acortamos nuestro viaje y regresamos a casa. Durante el vuelo de regreso tuvimos que preguntar por un asiento cercano al baño porque cada vez tenía que ir con más frecuencia.

Tan pronto como nuestro avión aterrizo, nos dirigimos a la consulta de mi médico. Allí, el equipo tomó una muestra de mi orina, y por primera vez no tuve problemas en facilitarles una muestra. Cuando la analizaron, encontraron restos de azúcar en ella. El médico me dijo que quería chequear los niveles de azúcar en mi sangre. Tenía bastante miedo, mis abuelos tienen diabetes, así que yo sabía lo que podía significar esa aguja. La máquina dio una lectura de "466." Mi médico salió de su consulta y cuando regresó, me dijo que tenía que ir al hospital, donde ya me esperaban. El médico habló con mi madre a solas y yo pude darme cuenta de que las cosas no estaban del todo bien.

Así fue como terminé con suero inyectado en mi brazo, con las batas algo reveladoras de los hospitales, sacada forzosamente de mi paraíso y metida en un mundo blanco con sonidos eléctricos y comida poco apetecible. Durante mi estancia en el hospital, a mi familia y a mí nos informaron sobre la diabetes y sobre cómo puede manejarse. Tuve que aprender qué podía comer y cómo inyectarme a mí misma. Incluso tuve que mejorar mis habilidades matemáticas para poder contar carbohidratos.

¡Estaba agobiada! En lo único que podía pensar era, "Tengo solamente 12 años de edad! ¿Cómo puede haber sucedido esto?" El hecho de que estaba comenzando en una nuevo colegio ese año tampoco contribuyó a mejorar las cosas. No sabía cómo reaccionarían las personas o lo que dirían. ¿Qué pasaría si me rechazan por mi enfermedad? ¿Se burlarán de mi? ¿Podré hacer amigos? ¿Y que pasaría si un desnivel repentino de azúcar en la sangre me hiciera quedar en ridículo?

Viviendo con diabetes - y con pequeños hermanos

Al principio, no hablé mucho sobre mi diabetes. No quise contárselo a nadie en la escuela. Después, cuando mis compañeros comenzaron a preguntarme por qué tenía que ir a la enfermería con frecuencia, decidí contarlo. Me di cuenta de que fue una buena decisión. Todos estaban interesados. Me hicieron preguntas cómicas "¿Es contagiosa?" (no lo es) y "Espera, eso quiere decir que nunca puedes consumir azúcar?" (Yo puedo). Pero disfruté dándoles explicaciones. Cuando tuve momentos de bajas de azúcar en la escuela, mis compañeros se dieron cuenta inmediatamente y fueron capaces de ayudarme.

¿Cómo es vivir con diabetes? Me levanto y chequeo mi nivel de azúcar en la sangre usando un aparatito que lo averigua con una pequeño pinchazo en uno de mis dedos. En el desayuno cuento los carbohidratos y hago algunas matemáticas para poder inyectarme la dosis adecuada de insulina. Durante el almuerzo, la cena, y antes de acostarme, sigo la misma rutina. Si tengo síntomas de una alza o baja de azúcar, entonces chequeo mi nivel de azúcar con el aparatito indicado. No es una buena idea el saltarme comidas. Y tengo que hacer chequeos adicionales de mis niveles de azúcar cuando hago cualquier tipo de actividad física intensa. La diabetes también puede hacer que cambies de humor. Puedo estar feliz saltando por las paredes un segundo, y un segundo después, gritándole a mis hermanos.

Debo confesar que tener diabetes no es un paseo en el parque. En algunos momentos me he desesperado. Por ejemplo, ¡no pude quedarme a dormir en casa de mis compañeras hasta que estuve en décimo grado! Mis padres estaban asustados con mi condición.

A mi me encanta hacer deporte. Todavía puedo hacerlo - he jugado baloncesto, volleyball y fúbol - pero tengo que vigilar los niveles de azúcar en mi sangre. Durante la temporada de volley ball, tuve que chequear mis niveles de azúcar mas a menudo. Los niveles de azúcar pueden afectar mi ejecución de actividades, así que quise asegurarme que mis niveles de azúcar estuvieran donde tenían que estar. Ahora, me estoy poniendo en forma para jugar al fútbol. Correr baja mis niveles de azúcar en la sangre, pero el torrente de adrenalina puede hacer que suban, haciendo que mi niveles de azúcar suban y bajen como una montaña rusa algunas veces.

Yo soy la persona más golosa que nadie pueda imaginar. Me gustan mucho las golosinas (especialmente el chocolate blanco) y el helado. Antes de que me diagnosticaran diabetes, los comía todo el tiempo. Después, bueno, digamos que me sentí como un fumador crónico que tuvo que parar en seco. Fue horrible. ¡Me apetecía comerlos todo el tiempo! Mis dos hermanos pequeños no ayudaron a que me olvidara de mis antojos. Se sentaban a mi lado y comían todo rastro posible de azúcar en la casa justo enfrente de mí. Sin embargo, no me malinterpreten, yo puedo comer azúcar, siempre que no abuse de ella. Pero seamos honestos, una vez que te dan un pedazo del pastel, te lo quieres comer entero.

Las cosas que cambiaron mi vida

Mis años de adolescencia habían transcurrido sin problemas hasta la fecha. Había aprendido a controlar mi diabetes mucho mejor. En el 2001, recibí mi surtidor o bomba suministradora de insulina. Esto a cambiado mi vida completamente, y ahora todo es más sencillo. No tengo que inyectarme cada vez que me siento a comer, solamente una vez cada dos días. La bomba me ahorra mucho trabajo. Todavía tengo que hacer cálculos de lo que como, pero al menos no tengo que inyectarme cuatro veces al día. Sólo necesito utilizar una aguja para insertar un pequeño tubo de plástico debajo de mi piel cada dos días. La bomba casi no se nota. Muchas personas piensan que es un teléfono móvil debido a su tamaño. También viene con muchos accesorios y como soy una chica, ¡esas cosas me encantan!

He aprendido mucho más sobre la diabetes y cómo controlarla. He asistido a campamentos para diabéticos y he visto a niños mucho más jóvenes que yo con la misma enfermedad. Conocerlos a ellos y a sus familias me ha dado una perspectiva más positiva sobre mi diabetes. He aprendido a quejarme menos. Si los niños de dos años de edad lo pueden tolerar, ¿por qué no he de poder hacerlo yo? También me he involucrado con la American Diabetes Association (Asociacion Americana de la Diabetes) y la Juvenile Diabetes Research Foundation (La Fundación para la Investigación de la Diabetes Juvenil). Quiero ayudar a otras personas que sufran de diabetes. Me he dado cuenta de que si tengo que vivir con ella, ¿por qué no ayudo a otros en el mismo camino? Si ayudas a una persona, ayudas al mundo.

Las salidas y la familia

Una de las áreas más importantes de la vida del adolescente son las primeras salidas en pareja, el área más complicada ¿verdad? Ahora añade diabetes a la mezcla. ¿Ya lo ves? En julio del 2002, comencé una relación. El chico era un amigo cercano. Realmente, era el vecino de la casa de al lado. Okay, chicas, listas, "awwww!" En un tono más serio, era extremamente difícil. Él era la persona a la que me daba más miedo contarle sobre mi diabetes. Siempre estuve medio enamorada de ese chico y pensaba que si le decía que tenía diabetes me haría parecer menos atractiva. No fue sino hasta un mes después de que empezáramos a salir que se lo comenté. Me sorprendió cuando él me dijo que su abuela había padecido la enfermedad. Encima, ¡estaba listo a aprender sobre ello! Mi mamá lo invitó a casa y le informó sobre los síntomas de una alza o baja en los niveles de azúcar, cómo manejar mi bomba de insulina, y cómo chequear mis niveles de azúcar en la sangre.

Cada vez que salíamos, él se aseguraba que yo había chequeado mi nivel de azúcar y que había seguido mi guía de alimentos - ¡algo que era realmente difícil cuando quería caer en la tentación de comer algo que no debo! Él incluso me regaló chocolate blanco sin azúcar el día de San Valentín. Asistía conmigo a todas las caminatas en apoyo de la diabetes y a todos los eventos para recaudar fondos. Era fantástico. Yo realmente apreciaba todo lo que él hacía por mí. También ayudaba el hecho de tener alguien con quien hablar cuando me sentía preocupada por mi diabetes. Es importante tener a alguien con quien hablar que no sea necesariamente un miembro de tu familia. A veces, es incluso mas fácil.

Pero también tengo que dar crédito a las personas que lo merecen. Mi familia me ha apoyado muchísimo. Mis padres han hecho muchos sacrificios para poder adquirir todos los útiles médicos que he necesitado, especialmente mi madre. Ella es un ángel. Ella hacía más de lo posible para asegurarse de que yo tuviera todo aquello que pudiera necesitar, incluso algo tan sencillo como algodoncitos de alcohol. Mis hermanos también son increíbles. Mi hermano más pequeño, Gabriel, tiene 13 años, pero es increíblemente maduro. Cuando yo me quedo dormida estudiando de noche, él entra a mi habitación y chequea mis niveles de azúcar. No he podido haber tenido un mejor grupo de apoyo que todos ellos.

Aprendiendo para toda la vida

La Diabetes tiene sus altos y sus bajos. Hay días en los que pienso que es más de lo que puedo manejar. Otros días, me olvido hasta de que la tengo. Personalmente creo que la diabetes me ha ayudado a crecer como persona. He aprendido a ser más responsable y madura. Debido a mi experiencia, he decidido estudiar para convertirme en médico endocrinólogo pediatra. De esta forma podré ayudar a los niños con mi mismo problema y ellos no podrán decirme "Usted no sabe por lo que estoy pasando yo." La diabetes se ha convertido en mi amiga. Todo lo que tengo que hacer es verla como una parte de mí, no como una enfermedad. Sí, el camino es difícil, pero nada en la vida viene de forma fácil. Hay que trabajar por lo que se quiere.

Revisado por: Steven Dowshen, MD
Fecha de revisión: julio de 2012





Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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